19  Corrección de sala: qué arregla el EQ y qué no

19.1 La idea, en una frase

Hay una fantasía muy vieja en la ingeniería de audio: la de deshacer el daño. Si medimos la sala y vemos dónde abulta y dónde se hunde la respuesta, ¿por qué no aplicar el filtro exacto que la devuelva a una recta? La curva plana como paraíso perdido, recuperable con un poco de ecualización. La física, sin embargo, es tozuda con una asimetría fundamental: no es lo mismo que sobre energía a que falte. Un exceso siempre se puede quitar —basta atenuar—; una ausencia no siempre se puede reponer, porque quizá esa energía no está debilitada, sino cancelada, borrada por otra onda que llega en contrafase. Quitar es fácil; devolver a la existencia lo que se anuló es otra cosa. Ahí se agrieta la fantasía.

Con la sala medida (capítulo 18), la tentación es “aplanar” la respuesta con ecualización. A veces funciona de maravilla; a veces empeora el resultado, y no por capricho: el EQ opera sobre la señal antes de que salga, mientras que muchos defectos nacen después, en el aire de la sala, y dependen de dónde esté sentado cada oyente. Un filtro es global; una cancelación es local. Por eso el resultado no depende de cuánto corrijas, sino de qué intentas corregir:

  • Un pico modal —una resonancia de la sala— se puede bajar con un filtro: es estable, y la mejora viaja a los asientos vecinos.
  • Un nulo de cancelación —dos ondas que se restan— no se puede rellenar con EQ: subir el nivel ahí solo se come el headroom, no llena el hueco, y crea un pico enorme en cuanto te mueves un poco.
Idea claveIdea clave

El EQ corrige niveles, no cancelaciones. Un pico sobra energía (quítala); un nulo falta energía porque se canceló (añadirla no deshace la cancelación). Reflexiones y nulos se arreglan moviendo, absorbiendo o retardando — con acústica y geometría, no con EQ.

Compruébalo. El widget mide una sala con picos modales y un nulo de reflexión. Prueba la corrección Suave (solo picos): mejora, y sigue mejorando al cambiar de asiento. Ahora la Agresiva (rellena nulos): en el punto de medición parece perfecta… pero cambia a “otro asiento” y verás el desastre — picos de +12 dB donde antes no había nada:

Figura 19.1: Corrección de sala — animación interactiva.

Por eso la corrección seria se hace con promediado espacial (varias posiciones), corrige la tendencia y no el detalle fino, se reserva la EQ para los modos de frecuencias bajas, y trata las reflexiones con absorción y difusión (capítulo 16) y el tiempo con retardos.

19.2 Qué se puede invertir y qué no

Empecemos por el término. Corregir con EQ es invertir: hacer la operación contraria. La sala multiplica cada frecuencia por un número \(H(f)\) —este tono lo abulta, este otro lo hunde—; el corrector ideal aplicaría en cada frecuencia el número contrario,

\[ C(f) \approx \frac{1}{H(f)}, \]

donde:

  • \(C(f)\) — filtro de corrección (el inverso)
  • \(H(f)\) — respuesta medida del sistema con la sala
  • \(f\) — frecuencia [Hz]

de modo que donde la sala multiplica por 2, el filtro divide por 2, y el producto \(C\,H\) queda plano. Dicho así, corregir es tan simple como dividir. El problema es que no todo lo que un sistema hace se puede deshacer. Hay operaciones reversibles y operaciones que destruyen información: doblar un papel se deshace; quemarlo, no. Un pico modal es de las primeras —la energía está ahí, de más, y basta restarla—. Un nulo de cancelación es de las segundas: en ese punto dos ondas se aniquilaron mutuamente, y no hay número por el que multiplicar lo que quedó que devuelva lo que ya se restó en el aire:

Figura 19.2: Izquierda: bajar un pico modal (60 Hz) corrige en el punto de medida (A) y sigue mejorando en otro asiento (B), porque los modos son comunes. Derecha: ‘rellenar’ con un realce el nulo de reflexión visto en A deja plano ese punto, pero en el asiento B —cuyo nulo cae en otra frecuencia— ese realce crea un pico enorme (>+10 dB). El EQ corrige niveles, no cancelaciones.
Defecto Naturaleza ¿Se corrige con EQ? Remedio correcto
Pico modal fase mínima (resonancia) , y la mejora viaja bajarlo con filtro; varios subgraves
Nulo por reflexión fase no mínima (cancelación) No mover, absorber o retardar (acústica)

Fase mínima: el nombre técnico de “esto sí se deshace”

La distinción anterior tiene nombre propio, y vale la pena entenderlo porque organiza todo el capítulo. Primero la idea llana: dos sistemas pueden tener la misma curva de nivel y aun así ser distintos por dentro. Uno hace lo mínimo indispensable —cambia niveles y nada más—; el otro, además, esconde un eco: parte de la energía llega tarde. Al primero se le llama de fase mínima: su retraso es el mínimo compatible con su curva de magnitud, no guarda sorpresas, y por eso lo que hace en nivel explica todo lo que hace en el tiempo. El segundo —el que esconde llegadas tardías— es de fase no mínima (también llamado de fase en exceso).

La versión matemática es precisa [1]: un sistema es de fase mínima cuando todos sus ceros están dentro del círculo unidad. Entonces ocurren dos cosas buenas a la vez:

  • Su magnitud y su fase están atadas por la transformada de Hilbert (capítulo 2): corregir la magnitud corrige también la fase — y con ella el comportamiento temporal (el ringing).
  • Su inverso existe, es causal y estable: invertir intercambia polos y ceros, y como todos estaban dentro del círculo, todos aterrizan dentro. El “anti-filtro” es un filtro tan sano como el original.

Con esa lupa, los dos defectos de la sala quedan clasificados:

  • Una resonancia modal es un polo poco amortiguado: fase mínima. Su inverso es un cero estable —una campana de rechazo—. Se corrige, en nivel, fase y tiempo.
  • Un nulo por reflexión es la cancelación \(1+a\,e^{-j\omega\tau}\): al crecer la reflexión (\(a\to 1\)) su cero se pega al círculo unidad —o lo cruza—. El inverso pide una ganancia que tiende a infinito justo en el nulo: no es realizable, no repone la energía que la cancelación sigue restando en el aire, y desborda el amplificador en el intento. No se corrige.

El dato histórico une dos mundos. La ligadura magnitud–fase la formalizó Hendrik Bode en los Bell Labs de los años treinta, diseñando amplificadores realimentados —de ahí viene el término “fase mínima”—. Y en 1979, Neely y Allen midieron respuestas de salas reales y demostraron lo que este capítulo viene sugiriendo: una respuesta de sala típica no es de fase mínima, así que su inversión exacta es imposible por principio, no por falta de procesador [2]. Toda la corrección honesta de sala es, desde entonces, el arte de invertir solo la parte invertible.

Regularización: dividir con red de seguridad

Queda un problema práctico: aunque solo quieras corregir lo corregible, la fórmula \(1/H\) es peligrosa por sí misma. Divide. Y dividir por un número pequeño da un número enorme; dividir por casi cero, casi infinito. En cada nulo de la medida, \(H(f)\approx 0\)… y el corrector ingenuo fabrica ahí una ganancia monstruosa. La regularización es la red de seguridad: “divide, pero nunca por menos que esto”. Se le pone un suelo al divisor:

\[ C(f) = \frac{\overline{H(f)}}{|H(f)|^2 + \varepsilon(f)}, \]

donde:

  • \(C(f)\) — filtro de corrección (inverso regularizado)
  • \(H(f)\) — función de transferencia medida del sistema
  • \(\overline{H(f)}\) — complejo conjugado de \(H(f)\)
  • \(\varepsilon(f)\) — término de regularización: el “suelo” del divisor, que crece en los nulos y donde la coherencia es baja
  • \(f\) — frecuencia [Hz]

Observa cómo trabaja: donde la respuesta es sana (\(|H|^2 \gg \varepsilon\)), la fracción se comporta como \(1/H\) y corrige de verdad; donde hay un nulo (\(|H|^2 \ll \varepsilon\)), el suelo domina, la ganancia se queda acotada y el filtro deja el nulo en paz — exactamente la conducta “suave” del widget. Haciendo \(\varepsilon\) dependiente de la frecuencia se afina el criterio: grande donde la coherencia es baja (capítulo 18) —ahí la medida ni siquiera es fiable—, pequeño donde la medida es limpia.

Esta fórmula no es un truco de audio: es la solución de Tikhonov (años cuarenta) al problema general de invertir lo mal condicionado, y coincide con el filtro de Wiener (1949) cuando el suelo representa al ruido. La corrección de sala moderna es un caso particular de una idea que sostiene desde la tomografía médica hasta el aprendizaje automático: invertir sin regularizar es amplificar lo que no sabes.

19.3 La respuesta cambia con el asiento

Por eso importa dónde mides. Dos términos de estadística, dichos en llano, bastan para todo lo que sigue. El promedio espacial es medir en varios asientos y quedarse con la curva “típica” —lo que la sala hace en general, no lo que le hace a un punto—. La varianza espacial es cuánto discrepan esas medidas entre sí: baja varianza significa “todos los asientos cuentan la misma historia” (eso se puede corregir para todos); alta varianza significa “cada asiento cuenta la suya” (corregir para uno es descorregir para los demás). Por debajo de la frecuencia de Schroeder dominan pocos modos, casi iguales en toda la zona —baja varianza—; por encima, cada asiento tiene su propio erizo de combs y nulos —alta varianza—. Corregir el detalle de un solo punto es sobreajustar: mejora ese punto y empeora los demás, justo el desastre de la opción agresiva del widget. La corrección robusta ecualiza solo lo común: el promedio espacial, la parte de baja varianza:

Figura 19.3: Respuesta en cinco asientos de una sala (líneas finas) y su promedio espacial (trazo grueso). Por debajo de la frecuencia de Schroeder las curvas coinciden —los modos son comunes y la EQ los corrige para todos—; por encima, el detalle cambia en cada asiento y solo tiene sentido corregir la tendencia suave (el promedio).

19.4 La estrategia por bandas: qué corregir a cada lado de Schroeder

De todo lo anterior nace la doctrina moderna de la corrección de sala [3], [4], y su frontera es una sola frecuencia: la frecuencia de Schroeder (capítulo 15),

\[ f_s \approx 2000\sqrt{\frac{T_{60}}{V}} \quad [\text{Hz}]. \]

donde:

  • \(f_s\) — frecuencia de Schroeder (frontera modal/estadística) [Hz]
  • \(T_{60}\) — tiempo de reverberación [s]
  • \(V\) — volumen de la sala [m³]

En un cuarto de mezcla típico (\(V=60\) m³, \(T_{60}=0{,}3\) s) ronda los 140 Hz; en un recinto grande de conciertos cae por debajo de 30 Hz. Debajo de esa frontera la sala se comporta como unos pocos resonadores; encima, como un campo estadístico. Esa diferencia física —no una preferencia— es la que decide qué herramienta funciona.

La frontera lleva el nombre de Manfred Schroeder, el físico de los Bell Labs que en los años cincuenta se hizo la pregunta exacta: ¿dónde deja una sala de ser una colección de resonancias contables y empieza a ser estadística? Su respuesta —que hay una frecuencia por encima de la cual los modos se solapan tanto que ya no tiene sentido perseguirlos uno a uno— fundó la acústica estadística de salas moderna; el mismo Schroeder inventó después la reverberación digital y el método de integración del decaimiento con que hoy se mide el \(T_{60}\) [5].

Por debajo de Schroeder: el reino de la EQ

Aquí caben pocas resonancias —los modos—, separadas entre sí más que su propio ancho de banda. Cada una es, en muy buena aproximación, un sistema de fase mínima: exactamente la misma clase de sistema que un filtro paramétrico (capítulo 8). La consecuencia es poderosa: una campana ajustada al modo —misma frecuencia, mismo ancho, ganancia opuesta— no solo aplana la magnitud; también endereza la fase y acorta el ringing temporal, porque en un sistema de fase mínima magnitud y fase van atadas (capítulo 2). La EQ no es aquí un maquillaje: es una inversión física legítima de la resonancia.

Y hay una segunda razón para trabajar a gusto en esta banda: los patrones modales son grandes comparados con la zona de escucha, así que el defecto —y su corrección— son casi los mismos en todos los asientos: la EQ viaja. La práctica óptima combina dos pasos, en este orden: primero repartir los modos con varios subgraves bien colocados (capítulo 14) —posiciones que excitan cada modo con signos opuestos y emparejan la respuesta asiento a asiento—, y después ecualizar los picos residuales, cortando antes que subiendo.

Por encima de Schroeder: el reino de la acústica

Al subir en frecuencia la densidad de modos crece como \(f^2\) (capítulo 15): miles de modos solapados más las reflexiones especulares convierten la respuesta en el erizo de la figura, cuyo detalle fino cambia a cada palmo. Ese detalle no es información sobre el sistema: es la huella de interferencia de una posición de micrófono. Ecualizarlo es sobreajustar —clavas ese punto y descuadras los demás, y basta mover la cabeza veinte centímetros para salirse de la “corrección”—.

Lo único común a toda la zona es la tendencia: el balance espectral suave, promediado en el espacio y en fracciones de octava. Eso sí se corrige, con filtros anchos y hacia una curva objetivo (house curve). Y el detalle que la EQ no debe tocar se trata con la física que sí lo gobierna: absorción para las reflexiones tempranas, difusión para uniformar el campo (capítulo 16), y directividad para no iluminar las superficies problemáticas (capítulos 1113).

Por qué la curva objetivo cae (y no es plana)

Un altavoz plano en cámara anecoica no mide plano dentro de una sala: la medida en el asiento mezcla el campo directo con el reverberante, y este último recoge la potencia total radiada. Como la directividad crece con la frecuencia (el altavoz concentra las frecuencias altas y reparte las bajas) y la sala y el aire absorben más arriba, la curva medida cae suavemente hacia las frecuencias altas. Esa caída —del orden de 1 dB por octava— es el sonido de un altavoz correcto en una sala normal [3]. Forzar la medida a plano con EQ equivale a sobre-iluminar el campo directo en las frecuencias altas: suena brillante y áspero. La curva objetivo no es un gusto del ingeniero: es la física del campo reverberante convertida en meta.

El error clásico: perseguir un nulo

Un nulo de cancelación es un agujero de energía: en ese punto dos llegadas se restan. Meterle ganancia es pedirle al sistema 10 o 100 veces más potencia para que las dos llegadas, ahora más grandes, se sigan restando igual: el nulo apenas se rellena, el amplificador se queda sin margen y en los demás asientos —donde no había nulo— aparece un pico. La prueba del oficio para no confundirlo con un defecto del altavoz: mueve el micrófono. Si el accidente se desplaza o desaparece, es la sala (suma, capítulo 3) y se trata con posición, retardos o acústica; si permanece idéntico en todas las posiciones, es del sistema —y probablemente sí se pueda ecualizar.

En resumen:

Región Qué domina Estrategia
Por debajo de Schroeder pocos modos (fase mínima) subgraves repartidos + EQ de cortes; viaja a toda la zona
Por encima de Schroeder reflexiones, campo difuso solo la tendencia (curva objetivo con caída suave); acústica y directividad, no filtros

Reconocer en qué régimen estás —y no confundir un nulo acústico con un defecto del altavoz— es la diferencia entre corregir y estropear.

19.5 El otro eje: el tiempo — la guía de alineación

Ecualizar es solo la mitad. La otra mitad es el tiempo: cuando dos fuentes reproducen lo mismo —el subgrave y el sistema principal en la zona de cruce, la torre de refuerzo y el PA, las vías de una caja—, sus llegadas se suman (capítulo 3), y esa suma refuerza o peina según lleguen juntas o no. Primero la imagen llana: dos personas cantan la misma nota; si una arranca una fracción tarde, en vez de una voz más fuerte se oye un batido incómodo. Alinear es lograr que las dos “canten” exactamente a la vez en el lugar donde está el público — y la herramienta es el retardo (delay): frenar electrónicamente a la que llega primero.

Ese es el único movimiento disponible, y conviene entender por qué: retardar se puede, adelantar no —ninguna caja puede emitir antes de recibir la señal (causalidad, capítulo 2)—. Por eso la regla de oro del oficio:

Idea claveIdea clave

Se retarda al que llega primero. Si el subgrave está más cerca del público, se retarda el subgrave; si está más lejos, se retarda el principal. El retardo necesario es el tiempo de vuelo de la diferencia de caminos.

La cuenta es una división:

\[ \tau = \frac{\Delta d}{c}, \]

donde:

  • \(\tau\) — retardo a aplicar [s]
  • \(\Delta d\) — diferencia de caminos entre las dos fuentes y el punto de escucha [m]
  • \(c\) — velocidad del sonido (≈ 343 m/s a 20 °C) [m/s]

Ejemplo con números. El PA cuelga a 10 m del público y los subgraves están en el suelo, a 7 m: el sub llega \(\Delta d = 3\) m antes. El retardo del sub debe ser \(\tau = 3/343 \approx 8{,}75\) ms. Una regla mental que vale oro en campo: ~2,9 ms por metro (o ~0,9 ms por pie). Y un recordatorio del capítulo 1: \(c\) cambia con la temperatura —un sistema alineado con la sala fría de la mañana se descuadra unos pasos cuando el público la calienta—.

La rutina, paso a paso

Esta es la secuencia de campo con el analizador de doble canal (capítulo 18). Dónde: el micrófono va en la zona donde ambas fuentes importan —para un sub y un PA, un asiento representativo del público, no pegado al sub—. Cuándo: después de ecualizar cada sistema por separado y elegir el cruce, y antes de la EQ global del conjunto. Cómo:

  1. Mide el sistema principal solo. Encuentra su retardo de propagación con el delay finder (el pico de la respuesta al impulso) y compénsalo en el analizador para que su fase sea legible. A partir de aquí, no toques esa compensación: es tu regla fija, la referencia de tiempo de toda la alineación.
  2. Mide el subgrave solo, con la misma señal de referencia y la misma compensación (no vuelvas a “buscar el delay”: destruirías la referencia). Su traza de fase aparecerá girada respecto a la del principal — ese giro es la diferencia de llegada.
  3. Superpón las fases. En la banda de cruce (unas dos octavas alrededor: 40–160 Hz para un cruce en 80 Hz), añade retardo al que llega primero hasta que las dos trazas de fase se monten una sobre otra. La traza que gira más lento con la frecuencia es la que llega antes.
  4. Verifica la polaridad. Si las trazas quedan paralelas pero separadas ~180°, hay una inversión: corrige la polaridad de una fuente y vuelve a mirar.
  5. Enciende ambos y comprueba la suma. En el cruce debe aparecer el refuerzo (idealmente la suma plana a través del cruce, hasta +6 dB donde ambas contribuyen por igual). Si hay un hueco, algo de los pasos 3–4 quedó mal. Después, camina la zona: la alineación perfecta existe solo en un punto; busca el retardo que reparta mejor el compromiso.

Practica la rutina aquí: tres escenarios reales, las dos trazas de fase y la suma. Encuentra el retardo correcto —y fíjate en el tercer escenario, donde el sub está más lejos y el retardo hay que dárselo al principal:

Figura 19.4: Alinear un subgrave con el principal — animación interactiva.

Los errores clásicos

  • Retardar al que llega tarde (empeora el doble): identifica siempre primero quién llega antes — en el widget se ve en la fase, en campo también.
  • Re-encontrar el delay del analizador entre medidas: cada “buscar retardo” redefine el cero de tiempo y las fases dejan de ser comparables. Una sola compensación para toda la sesión de alineación.
  • Alinear pegado al sub (o en cualquier punto no representativo): la alineación viaja mal desde un punto extremo. Mide donde está el público.
  • Perseguir la perfección en un punto: con dos fuentes separadas, el desfase depende de la posición (capítulo 3). El objetivo es el mejor compromiso espacial, no el cero exacto en el asiento del ingeniero.

19.6 Lecturas adicionales

  • La referencia moderna sobre corrección, curvas objetivo y sus límites: [3].
  • Invertibilidad, fase mínima y filtrado inverso: [1].
  • Corrección en la práctica de alineación de sistemas: [4].

19.7 Ejercicios

  1. En el widget, con corrección agresiva, mide el pico máximo en el punto de medición y en el otro asiento. ¿Cuánto empeora? Relaciónalo con la varianza espacial de la reflexión.
  2. Explica, con la ligadura de Hilbert, por qué corregir la magnitud de una resonancia de fase mínima corrige también su fase, y por qué eso falla para un nulo de reflexión.
  3. Un nulo de reflexión de \(-20\) dB. ¿Qué ganancia pediría un inverso ingenuo para “rellenarlo”? ¿Qué le pasa al headroom, y por qué no reconstruye la energía?